Todo sobre mí (?)

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Periodista especializada en contenido digital.

1.06.2012

Esa otra mujer

Suspira. Fantasea.


Imagina su desnudez frente a esos hombres de celeste.


Tiembla.


Intenta saltar de pensamiento. Improvisa recuerdos. Esboza un juramento que rebota entre muebles de acero inoxidable, soportes de suero, monitores, tubos de oxígenos y luces. Infinidad de luces color azul blanco. Luces frías, intensas, sin reflejos. ¿Cómo era el juramento? ¡Ah!, si: antes de escapar por la única puerta corrediza que advierte: "Sólo personal imprescindible", vuelve a su boca. Busca su voz. Se escucha: "Por él".

Mira. Regresa a los ojos de su mente. No lo quiere pensar. Indaga. Encuentra una imagen: Rezos, velas y bombos. Siente la cadencia de un río de gente que la espera. Se fortalece en ese pensamiento por algunos eternos minutos. La ansiedad vuelve. Se exalta. Comienza a deslizarse por los bordes de esa libertad ilusoria y cae, inevitablemente, en esa dimensión antiséptica.


Vuelve. Mira. Se mira. Una bata azul de papel desechable cubre lo que hasta hace algunas horas era su luto. Debajo, su piel. Más abajo, Ella: desnuda.


Desnuda en sus ojos, en ese lugar fuera de tiempo donde las sombras no existen puede ser irresponsable, excusarse de ese gran amor y su negrura. Desvestirse de ese vestir negro que sabe, bien sabe, no es de luto sino de desencanto. De des en canto, des armadura, de esa armadura.


Sacude su cabeza. No es el momento. Se escapa de esa confirmación.

Mira. Se mira en esa especie de falsa noche que trajo el viento indiferente de diciembre. Noche cargada de nubes incandescentes, que huele a lujo y a desinfectante. Noche adelantada en el tiempo.


Entonces siente. Siente el cuero negro de esa cama adherirse a su espalda. Todo en ese espacio cerrado, aislado del mundo, parece tener miles de ventosas dispuestas a robarle su encanto personal. SU inmenso encanto personal. No lo tolera, se levanta. Contempla al silencio aún recostado junto a su silueta. Silencio que la acompaña desde la habitación doscientos diecisiete. La abraza. Espanta la angustia que gotea de su garganta. Angustia que intenta perforar la tenacidad de su cuerpo. La lealtad de sus ideas.


Mira. Se mira en sus ojos. Otra vez en esa cama, sola, con la verdad de sus sueños que cuelgan del techo junto a una doble cabeza circular con más de sesenta espejos que iluminan. La iluminan.


Es luz que cierra los ojos del hombre. Luz blanca que encandila. Luz que irradia su cuerpo; su glándula oscura.


Mira. Mira los ojos del personal imprescindible.


La desnudan.

9.10.2010

Cuerpo Celeste

Mi niña Gaia. Niña Tierra que gravita en mi yo natural.

Tu concepción se vincula a la luna. Una luna perfecta que unía nuestros cuerpos.

El cielo giraba. Las estrellas no paraban de observar. Cortamos la noche de humanidad para que nuestra Diosa Tierra descienda entre nosotros.

Un amor, nuestro amor, semejante a la Tierra que permite la vida

Mi niña Gaia. No necesito ver todo lo otro que existe al otro lado de la realidad, si la magia de la naturaleza que te enlaza me rodea y mis pies se abren para abrazarte, niña Tierra.

Tu delicado cuerpo celeste gana espesura. Difuminados soles iluminan tu esencia y una gran luna será testigo eterno de tu evolución. Pigmentos naturales definen tus colores que delimitan las condiciones de tu entorno. Una vuelta completa, tomando como referencia a esas estrellas con ojos que no paran de observar, inducirá al viento a pronunciar tu nombre. A partir de allí, el universo olerá a Tierra.

Te amo mi niña Gaia

8.20.2010

Puntos de Fuga

Conectarse con los sentimientos. Esa es la premisa esencial para la emancipación de las emociones. Los monólogos introspectivos me tenían fascinada. Aprovechaba su embrujo para refugiarme en su naturaleza acuática, colmada de pensamientos arrugados por el agua y desgastados por perserverantes.

Mi mansión submarina tiene un manto de agua cálida e impía. Su color lavanda decora toda la estructura transparente; tapizada con algunos amores, que se disuelven con una rápida mirada avinagrada. Las palabras caminan libres y empalagan cualquier sentido. No abundan esos suspiros asesinos que con unas de sus bocanadas cortan el alma y la cargan de ausencia.

Allí abajo se construyen formas ambiguas, soberanas y vacías de prejuicio. Esas configuraciones que luego se consolidan en cristalinos pensamientos y se adaptan espontáneamente a cualquier imaginación. Sin embargo, se encrudecen influenciados por esa agua con aroma a rúcula.

En el patio lunado, iluminado por la mixtura de colores tiernos y un suelo esponjoso que camino apenas rozándolo, encontré mi punto de fuga.

La vieja luna se asustó y el tiempo se filtró sin remedio.

No consigo alcanzar la lucidez corporal. Los sentimientos son tan penetrantes y agudos que adormecen cualquier pensamiento. Comprendí que mi vida se resume en un punto de fuga. Desde ahí parten mis emociones, mis acciones y mis deseos. Desde ese infinito intangible. Infinito codicioso que imaginé; fiel representación de la vida.

Todas mis proyecciones tienen una perspectiva rara, casi críptica. Todo depende de su punto de fuga.

En aquel patio lunado, encontré el inicio del dibujo de mi vida. El punto de mi creación; tan perdurable como la muerte. Me emocioné cuando lo toqué y sentí que estaba mojado por el cariño.

Mis acciones eligen siempre el camino de las rectas paralelas y todas -y todos- convergen en un mismo punto.

Respiro una distorsión asimétrica que afecta las zonas polares en mi cabeza. Pero la precisión es aguda, sublime. Las líneas rectas vuelcan todas sus vivencias. Las más angustiosas engordan mi cuerpo, lo hacen pesado y la espalda se arquea. Con esta figura dolorida, mi boca puede besar mis pies desnudos y desde ahí, surgen los sentimientos más vírgenes. Aparecen voces que se siguen, se imitan y cada una de ellas tienen la misma importancia.

Mi espacio estaba delineado, ahora necesitaba conectarme con mis sentimientos.

Allí estaba la perspectiva para atontarme, ayudada por un ínfimo círculo naranja de 0,5 miligramos. Ambas se conectaban con la profundidad del océano, donde habitan mis cohibidas emociones. Pude observar el conjunto de circunstancias que me rodean y que influyen en la percepción de las cosas. Tragué el primer cuarto del círculo anaranjado y gocé al tener una visión nítida del espacio.

Tengo momentos dípticos, con más de un punto de fuga que definen la misma acción. Todo exige acciones tridimensionales. Está claro que para ver el aspecto real de las cosas se necesita un modelo tridimensional que permita observar desde diferentes puntos la vida. Pero si la realidad indica que nacemos fragmentados y vivimos para buscar nuestros complementos o nuestras mitades, ¿cómo se fusionan diferentes puntos de fuga con distintas realidades ópticas?

Creo que soy una mujer bidimensional con estructura tridimensional y una perspectiva ilusoria. Todos somos bidimensionales con la capacidad de hacer ver aquello que en realidad no es. Somos trabajadores del engaño óptico: hombres trompe-l´oeil.

Me recuesto en el patio lunado sobre los elementos desordenados que se yuxtaponen en la superficie de las emociones. Emociones carentes de ese color negro saturado por las presiones del perfeccionismo y sus déspotas consejos. Adormecida por el rumor del agua tibia y el aroma a rúcula, en algún borde de la noche, encontré lo que sentía.

9.04.2009

De flacos y altos

La oblicuidad clarifica la certidumbre de mi reflexión: "Los hombres flacos y altos excepcionalmente tienen carisma"

8.28.2009

INCERTIDUMBRE

Cinco


Es imposible conocer con exactitud la posición y la velocidad de un amor. Cuanto mayor sea la precisión con que determinamos la posición, o sea, el momento en el que está uno con ese amor, menor será su velocidad. La pasividad tomará forma de rutina. Las palabras se trasformarán en cuerpos, y esos cuerpos se dirán mentiras.

¿De que les sirven al hombre y a la mujer la incertidumbre?

Vos y yo como observadores del mundo, reducidos a su envoltura vacía, huyendo de nosotros mismos hacia la nada, convertidos en señores de la gravitación, disputaremos el aire al principio de incertidumbre.

Desolada condición; necesaria, insegura. Apareció, se interpuso entre él y mi cuerpo. Quién otra más que vos, incertidumbre. Que navegás en la vida, en el tiempo. Enloquecida establecés relaciones para fortalecer nuestra consciencia, para desarrollar nuestra autoestima, para exacerbar la felicidad; esa riesgosa exaltación.

La incertidumbre ante el futuro ha sido y será el motor que mueve a la humanidad hacia un mañana. No hay miedo. ¿Todo se vuelve placer?

Cuatro

El principio me encegueció con una especie de blancura lechosa que me agarraba los ojos. El capricho imprevisible de la incertidumbre me hizo creer que estaba ciega. Sin embargo, esa forma perversa y simétrica, no era otra más que la luna.
Desdichado quien no la comprenda. La luna no se encuentra en lo alto ni en lo bajo; ni a la derecha ni a la izquierda; la luna esta en el centro del pecho del hombre. Sensual, perfumada, a la espera de la magia del anochecer, de tu recuerdo.
Alma poseída de lo absoluto. Él y su principio, tiemblan. Mi incertidumbre y yo somos deseos representados.

Tres (ese hombre)

Se creaba una necesidad de realidad. No importa lo que sentimos. Importa lo que hacemos.
Meditaba sobre las propias rocas de sus pensamientos. Juegos de palabras. Paranoicos, críticos, susceptibles de ser evocados.
Lo mató el rumor y su psicodélica moral.
El dolor objetivo, mensurable, llenó algunas cavidades en mi cuerpo femenino, en mi principio de incertidumbre.
El paso del tiempo había deformado la figura de ese hombre, era necesario desgarrarse de esa piel azufrada, atiborrada de arrugas, de mexicanas, de tigre, de sierra, de mentiras. Solamente queda el bloqueo vago y uniforme de su carnadura humana y una silueta terrible, angustiosa.

Dos

Inevitable. A mi feroz lealtad la devoró la insaciable incertidumbre.
Lo sigo a todas partes, lo defiendo, lo protejo de los demás y de sí mismo.

Uno

Para conocer todo de alguien o de algo hay que interaccionar con ellos.
Esta interacción instaura siempre algún cambio en el comportamiento. Aunque los cambios sean diminutos, siguen estando ahí y con esos cambios, con los principios y, por qué no, con las incertidumbres, creamos nuestra realidad.

¿Tenemos certidumbre de alguien o de algo?

Gradiva (la que avanza)

Principio

7.20.2008

El Gigante Amapola

Del techo brotan siluetas, manchas negras que hablan y esconden un mensaje que no alcanzo a interpretar. Alguien empapeló esa superficie blanca, que enceguece mis sentidos, con un gran test de Rorschach. Por debajo, en las profundidades de mi cama, vive el Gigante Amapola. Sólo puedo escuchar su voz endiosada de monstruo. Me embruja y me pierdo en su boca deliciosa.


Nadie me cree cuando hablo de él. Todos gritan con voz de sabios y me explican que los monstruos no existen. Sin embargo el gigante amapola está ahí.

Mi boca lo llama. Mi cuerpo lo expulsa y mis venas, viejas y azufradas, se deshidratan. Sólo Lilu pudo verlo una vez. Y también quedó embelesada por algunas horas mentirosas, aturdida por vivencias monstruosas que escondía en sus pies desnudos. Después, lo de siempre: vómitos, escalofríos e insomnio. Igualitos a los míos. Pero Lilu se alejó. Se fue.

Intenté echarlo. No pude. Aún sigue viviendo debajo de mi cama y yo, en la superficie, trato de ignorarlo. Pero el Gigante Amapola es egoísta, no le gusta que lo abandonen.
Otra vez me invita a bajar. Una gran puerta de tiza se abre en la profundidad de mi cama. “Agarrate de mi piel, soy un gigante, no te vas a caer”, susurra pícaro a mi túnica de confianza. Hoy no, le digo. Hoy sé que los monstruos no existen.

Pero otra vez todo comienza a moverse. Las paredes asfixian, la boca se seca, la lengua se arruga y las entrañas guardan una esperanza de alivio. Las imágenes continúan hablándome. Todavía no adivino si dibujan una salida o es el reflejo del gigante. La euforia inicial va recostándose en una de las paredes húmedas, paredes que transpiran recuerdos de la infancia y que lloran, en silencio, la brutal indecencia del descontrol. El suelo, atiborrado de calles que se desplomaron de mi cuerpo, me devuelve a mi habitación sin atmósfera, a mi invernadero lunar. Pero hoy no. Hoy se terminó. Hoy el Gigante Amapola se fue sin consuelo.

Adormecido, dejo caer mi brazo y Amapola huele el miedo que gotea a su refugio imperialista.
Una vez más mis venas lo sienten, gritan, colapsan. La aguja encuentra la arteria podrida. La piel se enrojece hasta convertirse en pequeñas láminas incapaces de defenderme… un grito cavernoso se escapa de mi boca: "hay un monstruo debajo de mi cama. Me sujeta y corre envenenado por mi laberinto". Nadie oye. Yo me escucho. Hoy, como siempre, soy Gigante Amapola.

4.17.2008

¡Ojo!

Pocos días atrás entendí que debía desentenderme de mis ojos cuando se cerraron de manera irreverente e hicieron una especie de mímica temblorosa. Algunas palabras del "Che" habían tocado su cuerpo inexpugnable: "Dejá que tus ojos descansen en el conjunto del paisaje. Si pasa algo, los ojos perciben, los ojos se ocupan de detectar. La mejor manera de entender la realidad es ABRIR LOS OJOS".

Mis ojos no viven conmigo y la realidad no la entiendo. Me asenté en una rara y hermética rebelión que no permite mirarme. ¿Existe ese cielo soberano que te susurra un mundo mejor? Ése que cuentan en los diarios de guerrilla, inundados de actos que engendran palabras y abortan ilusiones. Tantas palabras que oprimen la mirada.

Todo se nubla.

Los días se amontonan y mis ojos rebeldes se atrincheran en la almohada húmeda de dolor. Se desparraman por ese suelo maleable y pasan las horas enlazados a un fusil de lágrimas que me protegen de la mentira; de la traición de tus ojos.

Es tiempo de cambios.
Es tiempo de cambiar la manera de mirarme.


1.15.2008

¿Ustedes me ven?

Cometí el error de despertarme. El sueño era peor que su ausencia.

Me incliné sobre la cama y, con ojos lancinantes, adivinando mis terrores, estaba aquel viciado espejo que se expresaba de manera definitiva y desnuda. No tengo ganas de mirarlo. Pero es imposible, sus ojos me hipnotizan. Hay un mundo atrás de él menos dispuesto al olvido que este. Y mi cuerpo le teme, pone mala cara.

Una vez que toco su figura, tan incorpórea e intangible que se cree universo, no logro encontrarme. Creo que no existo. ¿Acaso el espejo también se habría olvidado de mi?
Su carnadura lacia y fría no me devuelve nada. Ninguna sonrisa. No hay lágrimas, ni cuerpo en desuso. No hay reproches, ni verdades. Por esas horas, la noche se había encargado de borrar las líneas de mis sueños y aquel atrevido espejo dio de baja mi angustiosa figura humana.

11.09.2007

Dandalunda

I

La fachada de mi exilio dice intercambio estudiantil. Pero hoy, otra vez en casa y después de cinco años de no ver a mi familia, puedo decir que la huida fue por amor.

Estoy segura de que ese bendito ostracismo acrecentó aún más mi sexo inflamado por aquellos pensamientos lascivos, que se incorporaron a una vouyerista y escandalosa incontinencia infantil que educaron mi niñez.

Todavía recuerdo ese día en el que mi mamá me comunicó sobre el viaje, el cual "iba a despabilarme como mujer y a liberarme de mi fanatismo por Facundo".

Se bañó, se vistió y se maquilló. Su rutina cubritiva escondía una hembra irracional de pliegues ardientes que, luego de varias manos de pintura, la convertían en una mujer de country acicalada y gruñona; de pensamientos limpios. A toda su mentira le dedicaba unos treinta minutos. Ese mismo tiempo fue el que utilizó para retocar mi vida. Así fue como terminé en la Universidad Federal de Bahía, estudiando Oceanografía.

Fueron casi cinco años de naturaleza impune que me permitieron relamerme con ese olor a tierra desnuda, cargada de aguas oceánicas, encargadas de cubrir la totalidad de mi existencia. Era un mujer simulada. Escondía mis inquietudes como si fueran crímenes.
El encierro universitario me ahogaba. Casi tan igual a la casa de la que me exiliaron. Era la misma aristocracia velada por otro idioma. Decidí escaparme de aquellos pasillos interminables, cargados de puertas adictivas que educarían la racionalidad del alma. Cada una de ellas, tan simétricas y orientadoras, me perturbaban tanto como Facundo.

Según mi madre, en cada puerta encontraría mi universo. Grité sin voz. Nora nunca entendió mi naturaleza. Su mundo, el que me enseñó, no era más que un tejido de ilusiones y errores. No puedo juzgarla; cada raza se limita a ciertos temas y su lema de destino eran las mentiras que la cuidarán por siempre y para siempre de su miseria. Lo que más me enfurece de mi madre es esa cofradía de sabedores que la acompaña; tan adornados como ella. Sin embargo me conformo con saber que su universo absolutista entrañará sus propios riesgos. No será más que una mujer isquémica -sin oxígeno- pero maquillada.

Pequeños días bastaron para sentir la opresión de esa cárcel con otro idioma y costumbres. Me fui rápido a buscar otro infinito, más negro del que aceptaría mi madre.


Me perdí.



II

El silencio cadavérico de la habitación me alejaba de la bonita samba en redo que transpiran las calles bahianas. Sólo escuchaba la voz del mar que solía reclamar mi presencia. Apenas pude oír su expresión quebradiza, salí corriendo de la esfera que me contenía de mis deseos. Me acerqué al mar y a sus encantos. Desde su infinito se escuchaba la voz del poeta que repetía con una cadencia ondular "agarrate a esa `alegría de zapatos de goma que te hacen rebotar sobre la arena´". Al caer sentí como mis pies se hundían en el recuerdo de Facundo.

Frente a un cielo asfixiante decidí ponerle fin a mi nostalgia. A ese amor no posible.

Entonces apareció Moreno. Con él reconstruí mis orgasmos y por él conocí la religión Candomblé. A partir de allí no sería más Valentina. Al entregarme a las deidades Yorubas me convertiría en Dandalunda, reina de los ríos. Y Casi sin darme cuenta comencé a comprender la vida como la conozco.

Regresé a una casa de country con aroma a secretos; habitada por nadas que giran. Otra vez el paisaje me devolvía miles de hojas dormidas sobre esa tierra de tablones de madera y las paredes de siempre que se excluían o se arrimaban según su ánimo. Todas llenas de dobles fondos inservibles, atiborradas de relieves que señalaban sus arrugas y las mías. Volví a un lugar inhóspito, envejecido por el rencor y la ira de un cuerpo importuno y rústico. Con todo ese disfraz me esperaba mi familia y su alegría.

Mi hermano, un pequeño hombre con ojos parlanchines y boca de mirador me tomó rápido de las piernas, me colgó de sus hombros y me llevó hasta mi habitación. Una vez allí me lanzó hacia la cama. Él se amoldó a mi cuerpo y acercó sus labios. Seguramente si les permitiera arrimarse a su boca entenderían que la moderación no es una virtud y, menos, si te acaricia con su lengua. Preguntó por mis días de exilio. No pude contarle nada. En seguida comenzó a resumir las peripecias de la familia y sus circunvoluciones. La primera víctima fue mamá: "Papá me comentó acerca de que, por las características de diva que tiene la vieja, a ella le gusta arreglarse para coger. Pero quedate tranquila que si se acuesta con sus amantes no usa tu cama porque siempre anda susurrando que es muy incómoda; usaba la mía. Es más, últimamente la aprovechaban con papá para engañarse y convencerse de que todavía son una pareja".

Ahí nomás el rostro de mi madre Nora, con forma de espejo embustero y delineado con aire de heroína, se asomó y dijo: "Hoy viene a cenar Andrés; un gran amigo de tu hermano". Y sin quererlo tuve un parto salvaje de mi mundo privado y esas viejas trasgresiones que mordían mi sexo y mi alma aparecieron así, como si nada, aunque creía haberlas inhumado y ofrendado a algún orixa capaz de gobernar estos difíciles asuntos de la humanidad.

Traté escaparme. Intenté transformarlo; negarlo y, sin embargo, se hace notar con una exaltación sobrehumana. Mi hermano se fue. Yo le pedí. Me quedé sola.

Desconcertada ingresé al interior del placard pintado con colores ocres. Una mixtura de olores a tabaco, rhum, aceites y flores entorpecieron mis sentidos. Al cerrar la puerta, las percepciones quedaron depuradas y el Orixa que guía mis pesares me conduciría hasta Facundo. Soy una fiel devota de Oya, una guerrera que representa la reencarnación de los antepasados, la falta de memoria y el sentimiento de tormento en la mujer. Creo que simboliza el carácter más violento e impetuoso de mi figura humana. Esa silueta que tengo que ocultar a través de impulsos irracionales que mueren disgregados por las palabras y las buenas conductas.

El afoxé, secundado por la consonancia del agogó, se adueña del espacio que había pertenecido al silencio. Ofrendo berenjenas, bananas y batatas. Dadalunda dramatizará aquellas relaciones de una dimensión cósmica. Me entregó a su destino y le regalo el mío.

Rezo…


Coquê dandalunda maimbanda,

CoquêDandalunda

Praia na beira

Dandaluunda

Da cahoeira

Dandalunda

Paz e água fresca

Dandalunda
Doura dendê


Hoy su gran amigo cometería el peor de los pecados. Además de acostarse con mi hermano.

III


Junto a Andrés llegó la noche y la felicidad de Facundo que empalagaba la vida de cualquiera. Mi madre se había esmerado. Organizó una cena festiva para acallar las bocas con comida y evitar cualquier comentario imprudente de Facundo o Andrés por querer formalizar.
Mi padre, Marcelo, un hombre encadenado al vacío y a sus palos de golf, pesados y fríos, que le irradian colores de consuelo y juventud, sólo podía hablar del torneo que había ganado.

La cena familiar se desarrollaba con total normalidad y prudencia. Hasta que un deseo desordenado por la comida y la bebida hacen de Andrés una bestia irreconocible. Sus manos estaban húmedas por el aceite viscoso del pollo, el pelo con algunas hojas verdes, su cuerpo empapado por un sudor hediento y la ropa cubierta de bebidas alcohólicas. Y ni hablar de su boca. Su hermosa boca aristocrática que ya no podía contener los enormes pedazos de comida que terminaron decorando la mesa de Norita. Nadie puede imaginar la expresión dura y severa de mi madre. Sus ojos ardían... Dijo: "Un hombre famélico no piensa: es pecaminoso".

Facundo entendió que su gran amigo debía irse. Mi papá sólo se levantó a buscar un trozo de papel para limpiar su trofeo de golf. Yo estaba ebria por la belleza del acto y las sensaciones deliciosas que provenían de mi imaginación.


En segundos, la máscara de mi madre se convirtió en rostro. Fue aquel día que entendió que lo mejor para mi hermano era su hija.

8.03.2007

¿Qué es?


Fiel compañera de vida. Una especie que supo adaptarse.
Soportaste indiferencias y desusos. Entonces mutaste y pudiste fijarte a la modernidad y a mi evolución. Creo que fue ese proceso el que te estimuló para liberarte. Y ahora estás ahí, con tu vestido entramado de soberbia, en busca de una nueva morfología. Rebelde, independizándote de cada uno de mis actos. Sin embargo, tan autónoma y ajena que te crees, sos la autora material de mis hechos, trances, episodios e incidentes. Sos el sostén de mis cosas; mi defensa personal.

Anhelás personificarte. Vas en busca de esa desconexión que te permita independizar tus movimientos, sin embargo, a pesar de esa disputa, no podés ignorar el control que ejerce tu hemisferio: estás subordinada. Sos tantas cosas a la vez que tu trabajo de transformista te permite bautizarte en habilidad, circulación, trompa, un choque, tal vez un juego, una ayuda, un poder o, porqué no, una influencia. Si querés sos mágica. Y es esa esquizofrenia la que te hace única. Sos tierna, comprensiva, suave y a la vez obscena, áspera, agresiva. Te agitás y tu sudor se hace carne. Sos transparente, evidencias tu vida por bifurcaciones interminables que dictaminan mi muerte.
Pliegues, heridas, dibujos, líneas y más líneas armonizan tu estructura. Escondés por aquellas zonas con infinitas terminaciones nerviosas, fuentes de información sensorial. Te enorgullece saber que podés reconocer antes que nadie cualquier sentido. Sos versátil, precisa, dueña de una destreza notable capaz de producir los movimientos más revolucionarios, sangrientos, dictatoriales y orgásmicos. Tu combinación sinuosa de montes y llanuras cubiertas por un velo dócil, semitransparente, te cuida del mundo extrínseco que te lastima con su defensa letal más antigua: el tiempo; que indefectiblemente se expresa por tus relieves. Me condenás a la huella de tu mirada que me reprocha sucesos insubordinados, que me hace consciente. Son esos ojos con surcos lancinantes el fiel espejo de mis actos. Sos mi cómplice, con la única diferencia de que vos no podés vivir sin mí pero yo sí puedo prescindir de vos.

6.06.2007

Claroscuro

Cuando la adolescencia sentenció mi vida, siempre me consideraron un hombre precoz para desarrollar el deterioro de la atención. Luego vendría la desintegración de la información y el de la asociación lógica. Me lo repetía Diego, mi hermano menor, cuando jugábamos: "A vos nunca se te ocurre nada nuevo". Después sabría que fui sublimado por ser cacique de una pobreza ideativa. Soy pésimo para planificar, secuenciar, priorizar, mantener la atención en la tarea y, por sobre todo, adaptarme a los cambios. Creo que es eso lo que perturba el paisaje de mis semanas.


Soy Lautaro. Tengo treinta años y hace apenas un mes que vivo en Almagro. Caí en el barrio sin conocer sus luces y noches. Sabía de su fraternidad hacia el hombre endógeno por una pasajera en tránsito que me comentó de sus virtudes para curar el alma y volver a empezar.
Parezco distraído, con la mirada vaga. Diría que soy un gran gambeteador del contacto visual. Todos critican mi descuidado aspecto personal. Del diminuto departamento de dos ambientes ubicado en la planta baja –porque sufro de vértigo- de la calle Humahuaca, ya se olvidaron.
En ese invernadero aflora el granito y las paredes húmedas, escritas por infinidades de gotas que nunca se marchitan. Y los muebles mustios y pálidos de la tía Gloria que evidencian su brutal indecencia: su muerte. Mi cama ahogada en sábanas insurgentes que representan la voz de los sin voz de los pocos objetos que quedan y del cuadro de Rembrandt, que subsiste sin colgar. Mi existencia depende de ellas. Son sucias, les gusta castigarme. Es que tengo una vida dentro de una vida. Es muy barroca, repleta de claroscuros, movimientos, personas y colores que contrastan todo el tiempo. Sin embargo me río, quizás sin motivo.

Mi familia critica la idea que tengo de mi destino como hombre. A veces pienso que me esconden. Nunca fui exitoso. Siempre me costó alcanzar un nivel profesional elevado. Tampoco llegué a tener una experiencia laboral considerable debido a los continuos cambios de trabajo. Me canso y renuncio. Y mis padres recuperan el control de mi hombre endógeno. Es una pena que ellos no se escondan también, ya que nos son más que un reflejo deformado de mi mismo.

Por las mañanas sale mi conducta suspicaz. Cuando sube la noche puedo estar agitado e inquieto, autista o inmóvil. Son las leyendas que me rodean y están atadas a ese maldito cartel centellante que delata mis acciones. La verdad que estoy un poco cansado de escuchar esas monótonas palabras: ¡cómo cambiaste! Si no era más de lo que soy ahora pero sin consistencia.

Hace semanas que no duermo porque el maldito edificio no tiene luz. Y a esta altura ya percibo que la noche se agota de verme. Por eso, antes de entregarme a soñar que soñaba, dejo una pequeña vela encendida en la puerta de mi departamento. Disfruto de su emisión, porque la luz de las velas tiene un efecto mágico que degenera el fascismo de los edificios rancios. Sin embargo, cuando la noche comienza a respirar, la vela desaparece. Alguien la roba. Pero siempre me entero algunas horas después, cuando escucho el rugir del departamento y los aullidos de la fauna nocturna que retumban por los agónicos muebles y que van a esconderse a mis sábanas insurgentes. Un pánico sordo me devuelve los miedos más mórbidos. Entonces llamo a mi vieja y comienzo con el relato, le cuento que esto sucede hace varias semanas y que me perturba. No me cree. Nadie me cree. Consideran que mi experiencia no es confiable. Me tratan de incoherente, dicen que me empalago con el discurso y que repito una y mil veces ideas disgregadas acerca del hecho. Me hacen paranoico. Siento un vacío de pensamientos, y estoy seguro de que alguien también me los robó.

Otra vez en la plataforma de la noche, enciendo la vela que me cuidará del contenido de mis ideas, de las percepciones que cuelgan del techo de mi dormitorio. Hoy me quedaré espiando por detrás de la mirilla inundada con pequeñas dermis de otros ojos, para descubrir quién es el ladrón de velas. Pero pasan horas y siento que mi cuerpo se mueve involuntariamente y flota desmembrado en el espacio. De repente, veo caer el jugo de una sombra. Tiene un olor particular; lo reconozco. Mis manos comienzan a agrandarse y la cara se deforma. Escucho rugidos.

Soy mitad humano y mitad animal.

Soy el ladrón de velas.

5.10.2007

A las cinco de la tarde

No sé si existe algo que me defina. No tengo género. Apenas estoy tatuado con un rótulo invisible que indica que soy atemporal.

Mi mente es un laberinto de arrugas y mi piel, indiferente a mi alma, dibuja pequeños fragmentos de años vividos. Mi corazón no tiene ojos, apenas late. Sabrán que el corazón de una persona atemporal es inconstante. Su sonoridad es imperceptible. No tiene esa cadencia bonita, ese movimiento que va acompañado por una sensación de reposo o tensión que generan los distintos tipos de pulsos. Hablo de ese "pum; pum" que te hace saber que estás vivo. Y si vivo, no lo puedo asegurar. Sin embargo entiendo que el hombre es un secreto y que oculta todo entre los pliegues de su sexualidad; virtud de la que fui discriminado.

Se dice de mí innumerables adjetivos y epítetos. Se escriben notas y dictados. Hablan de mitología personal y algunas rarezas más que sólo sirven para aclarar y ordenar la cabeza del hombre que disimula la muerte. Pero no señores, si existo soy una fantasía agarrada a este mundo que no me suelta, porque soy el cajón en el cual se ordenan sus memorias y sus secretos. Soy un archivo adjunto en el que se recopilan las experiencias de los hombres temporales. Y esos sí que existen. Son hombres que llevan el pulso en la tierra y tienen marcada la vida y, claro, lo más importante, la muerte no se olvidó de ellos.

Y esta cruel naturaleza que se me ha impuesto, que devora mis entrañas, seca mis ojos que gritan desbordados de imágenes que ya no encuentran un retazo para empapelar y sólo atianan a colgarse en el margen del párpado que, por momentos, se cierra por el exceso y el abuso. Entonces descanso mientras ellos reposan. Mi boca pervertida de palabras repetidas y embusteras tienen calcada la sonrisa tipo Gioconda -mentirosa si las hay. Sólo repite el poema de un tal García Lorca. Un hombre quizás tan atemporal como yo, con la única diferencia de que la muerte se acordó de él.

"A la cinco de la tarde.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!".


Y mi piel, mentiroso escenario del tiempo, refleja una juventud asquerosa que me condena a la vida. Mientras tanto, vivo con la única esperanza de que el tiempo, alguna vez, me alcance.

1.09.2007

Día de enero

Me separé. Cuando te enfrentás a una ira que toma cuerpo de navaja, finalmente te separás.

El día era rutinario, tan igual a los otros que parecía que el tiempo se hubiese muerto. ¿O acaso los muertos éramos nosotros? El cielo y el infierno eran la escenografía perfecta, aunque un poco envejecida por el uso. El mismo amor, ahogado en promesas de perdón con su misma intimidación, tan cruel y repetitiva que quedará -para todas las horas- su rastro de terror en las profundidades de la piel.

El calor de enero es el único que cambia y nos cambia. Su piel caliente y lisa, bien dorada, nos regala ese olor almizcle tan violento y dulce que traiciona cualquier sentido. Cautivos ante su magnitud, nos perturba con su gran boca de consuelo y aspira la desesperanza de los viejos eneros y febreros. Nos regala una vida nueva, un tiempo que continúa sin paralizarse. Con su piel joven y deseosa de placer, que el invierno no tardará en desgarrarla, volverá enero, con sus navajas filosas de principios, que cortarán los finales más anunciados.

A este final: le sobran los motivos.

Soy Luna. Mujer de varias caras, pero fiel, muy fiel. Mi cuerpo es pálido con algún resabio antiguo de un sol pasajero que me visita cuando lo llamo. Flaca, con una figura que incauta a los ojos más distraídos. Porque los míos, mis ojos, desbordan una blancura lechosa que se mezcla con el rojo amorronado del iris, que componen una figura humana más cubista que la Mujer Azul. Así soy yo, mujer luna que se descompone en facetas y se vuelve a humanizar; a alunizar. Menguante, atisbo algunos ojos que tengan boca y que, seguramente, estarán llenos de abrazos y de mentiras. Tal vez algunos ojos que hablen. ¿Por qué no una Magdalena? Todos tienen una Magdalena. Yo, la sigo esperando.

Al parecer, en ese momento el tiempo continuaba con su cadencia siempre rítmica e imperceptible hasta el momento que muere, se detiene y nos enfrenta a la realidad más embustera. Paralizada ante dos navajas imperialistas, preparadas para subyugarme ante su rabia, no me atemoricé, las enfrenté. Caminaba por el pasillo de mi casa -ahogada en gritos e insultos- hacía su cuerpo, decidida a atormentarlo. Las paredes se volvían transparentes y livianas. Se derrumbaban de sólo mirarnos. Sus habitantes, que parecen estar colgados y destinados a decorar con mucho color la existencia de una casa, son los únicos que guardan nuestras voces y actos. Sólo ellos son partícipes de nuestro accionar. Nos observan inmóviles. De vez en cuando, deciden manifestarse y se vuelcan hacia un lado. Pero sus movimientos no son espontáneos, revelan algo. Somos nosotros los que no queremos ver esa inclinación y rápidamente nos apresuramos a acomodarlos. Se dice que un cuadro torcido trae mala suerte. ¿No será al revés?

Lento, atravesé el pasillo de paredes transparentes y testigos que se amontonaban para presenciar el episodio. Mientras más me acercaba, más veía la transformación en ese hombre. Su carnadura humana se derretía y una lámina filosa de venganza -fría y gris- se apoderaba de su integridad. Apenas unos pasos y unos tablones de madera plastificados, que enmascaraban tormentos y angustias pasadas, nos separaban. Esa superficie hermosa y cálida, brillaba y encandilaba cualquier acto -menos este-, que jamás será plastificado. Tomé su mano, la más violenta: tapé su boca. En ese instante, mi cuerpo con sus actos se independizaba de mi cabeza. Mis pensamientos tomarían otros rumbos y, a pesar de estar batallando entre golpes y palabras, podía visualizar una hermosa y ansiada libertad. Ver la tranquilidad convertida en alma, donde el amor y el enamorado no es un lugar común, repetido y cotidiano, sino que florece un espacio atiborrado de cuadros independientes que deciden inclinarse para donde quieran. Un lugar vacío por la piedad, que rápidamente encontrará consuelo.
Una brisa de alivio despabiló mi cuerpo y volví a la violencia. Una mano pesada marcó mi estómago. Solté su boca y retrocedí. Avancé sobre su cara -la punta más cortante del arma- totalmente desfigurada por la angustia y ese habitante que le corta las entrañas y que trata de liberarse a través de culposas arcadas víricas. Estas manifestaciones no impidieron que le clavara las uñas en su cuello largo, casi mañerista, y quebradizo de tantos arañazos tatuados por un pasado y un presente similar. La uñas de una luna son insurgentes, casi invisibles, capaces de todo. Hasta de olvidar.

Mientras mis manos apretaban su cuello, oí un ruido extraño. No, no eran sus lágrimas, ni ese llanto infinito que nunca se decide a caer. Era un ruido con voz, como si me llamarán de algún lado. Un eco agudo que repiqueteaba y parecía estallar contra una superficie, como si fueran piedritas que brincaban sobre mi ventana. Me llamó la atención y me distraje por unos segundos. Visualicé que detrás del terror se asomaba tímida, pero segura, la alegría. Era ella quien golpeaba la ventana:

"De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que esta ahí esperando…

...está bien me doy por persuadido
que la alegría no tire mas piedras
abriré la ventana".

Un golpe en la cabeza me devolvió la realidad de manos y bocas desesperadas por el dolor. Con la calma perdida y sin razón, tomé mis cuadros y me fui. Partí hacia otro Solaris. Un nuevo cosmos, cuyo océano, turquesa y aterciopelado, no materializará nunca ningún recuerdo. Así fue como un día de enero decidí separarme.

12.15.2006

Abrazo de Rayuela con sabor a Cortázar

Nos encontramos.
Las nubes de colores que nos acompañan, hace años, nos regalaron un arco iris entero, enorme, que nos divide en colores y nos vuelve a unir. ¿Encontraremos la olla de oro?
Sin piel, recluídas en palabras, viajamos en ellas con nuestros pies desnudos, inundados de promesas escritas por el cuerpo.
Llegamos a los sueños.
Pudimos tocarlos, abrigarnos en su piel de esperanzas y de vueltas. ¿Los sueños se conformas de vueltas, no?

Entonces comenzamos con los ejercicios rayuelísticos*:

Todo Historia, creíble o no, necesita de un comienzo. No es así en la vida real, donde nada empieza ni termina nunca, simplemente sucede, donde las causas y los efectos se encadenan de tal modo que para explicar debidamente el encuentro casual de dos desconocidos, un sueño o una guerra entre naciones, uno debería seguir su rastro hasta el origen del mundo. Y es en esa creación del cosmos, que nos detenemos unos segundos Para leer en forma interrogativa. Has visto, verdaderamente has visto la nieve, los astros, los pasos afelpados de la brisa...Has tocado, de verdad has tocado el plato, el pan, la cara de esa mujer que tanto amás...Has vivido como un golpe en la frente, el instante, el jadeo, la caída, la fuga...
Has sabido con cada poro de la piel, sabido que tus ojos, tus manos, tu sexo, tu blando corazón había que tirarlos, había que llorarlos, había que inventarlos otra vez.
Entonces me agarro (Agarrate) del milagro del azar. Y así, soñar despiertos. Subir al aire en túneles de luz que escapan del desierto escandaloso de la multitud. Soñar que el mundo para y que remonto el tiempo para atrás y suelto las palabras, que se nos marchitaron sin hablar.

Desnuda, en La ventana a la calle, percibo a quien vive en aislamiento, y querría, no obstante, de vez en cuando integrarse; quien en razón de los cambios de las horas del día, del clima, de las relaciones profesionales, o de cosas por el estilo, querría sin más ni más ver un brazo cualquiera al que poder agarrarse, no va a poder aguantar mucho tiempo sin una ventana a la calle. Y lo que sucede con él es que no busca absolutamente nada, y, como hombre cansado que es, pasea su mirada, apoyado contra el antepecho de su ventana, entre la gente y el cielo; y no quiere nada, y tiene la cabeza un poco echada atrás; así y todo, los caballos abajo lo arrastran consigo en su séquito de coches y ruido, y así, finalmente, en la comunidad de los hombres. Sólo queda el Arte, porque cuando el espíritu se desvanece, aparece la forma. Sin embargo, los sueños no se desvanecen. No se evaporan. Siguen ahí, con sus vueltas, repletos de colores. ¿Pero los sueños tienen formas? ¿Cuál es la velocidad del sueño?
No lo sé.
En nuestro sueño, el mundo es otro, pero no porque algún deux ex machina nos los vaya a obsequiar, sino porque luchamos, en la permanente vela de nuestra vela, porque ese mundo se amanezca. Y antes de que el mundo despierte, quedamos entrelazadas por la noche, sorprendiendo a las estrellas. Cautivas por aquel Árbol de Diana que llevaba escrito: "Cuando vean los ojos, qué tengo en los mío tatuados". Mientras que ella se desnuda en el paraíso de su memoria, ella desconoce el feroz destino de sus visiones. Ella tiene miedo de no saber nombrar lo que no existe.

¿Existe el suelo bajo sus pies? Existe la tierra fértil de nuestras almas y ese tibio arco iris de nuestra niñez, que nos encuentra para abrigarnos con colores de mujer y con sueños de vueltas. ¡Oh feroz intensidad de la visión de la infancia! De niños todos somos fotógrafos, sin necesidad de cámaras, quemando imágenes para convertirlas en memoria.



*Ayudaron en esta Rayuela: Abelardo Castillo, El Evangelio según Van Hutten; Julio Cortázar, Para leer en forma interrogativa; Agarrate Catalina; Kafka, La ventana a la calle; Charles Bukowski, Arte; Sub Comandante Marcos; Alejandra Pizarnik, Árbol de Diana y Salman Rushdie, El suelo bajo sus pies.

11.07.2006

Constancia de tu espera


Arribé a casa. Sólo las sombras y el mutismo de ellas la habitaban. Una brisa extraña, casi insoportable, despabiló mis sentidos. El silencio atontaba el espacio. Llegué a la habitación de Dánae y observé un cuerpo desnudo, que lloraba sangre e inundaba de estremecimiento mis sentidos.
No sabía si lo real estaba en aquél piso, teñido por pinceladas rojas, o en mi cabeza, aturdida por esos segundos épicos que te concede el Royphnol. Logré confundirme. Retorcí mi alma, tome conciencia y recuperé el sentido.
La sangre estaba viva. Su rostro era angelical, su pubis también. Su alma, en cambio, estaba muerta.
Podía percibir ciertos indicios de aquella brutal indecencia: unas venas abiertas, una conciencia impura y una vagina que muere por amor. Pero, no entendía porqué mi mujer. Siempre tan ordenada, pulcra, sigilosa, siempre tan viva.
Tal vez quiso decírmelo, pero la velocidad de mi rutina la esquivó. La ignoré.
Sobre la cama pude observar su notebook abierta y en ella su blog, cuyo nombre era: "Constancia de tu espera". Rápidamente me escabullí de su cuerpo y salté hasta la cama. Tomé la computadora y me puse a leer su reciente y última nota que decía:

"Tu violento cuerpo envenenaba mis noches y mis sueños con tus lascivas palabras. Ese cuerpo de agua que aliviaba mis esperanzas, que me desvistió por meses y me encapsuló al placer más etéreo, atiborrado de orgasmos. Mi concha empapada de tus besos gritaba por tu enorme y erecto pene, tan generoso y caprichoso a la vez. Tan amenazador para mi vida como para mi sexo. Vivo a la espera permanente de tu apócrifa presencia. Demasiadas voces y largos silencios reptan por mi cuerpo hasta alcanzar mi cabeza. Este loco que habita mi concha y mi ser, no es otro más que vos. El tiempo me está devorando la piel y las arrugas el corazón. Estoy usada y manchada. Cargo el horror de mi vida. Me abro al dolor?aún te espero".

Por un minuto saqué la vista de la pantalla, observé a su cuerpo que seguía gritando, secándose. Estaba aturdido. Pensé que quizá se despachó de gozo y se mató. Entré en pánico... me desvanecí.

10.15.2006

Hasta ahí llego

Atrás de mis ojos reposa la mentira que te protege y adorna esta historia psicodélica. Mentir es un recurso fácil y vos no sos nada fácil. Por eso amoldas el discurso, para causar una impresión favorable, para suspenderme detrás de mis ojos, de los tuyos. Con esa habilidad, que carece de toda honestidad brutal sostenes este entrampado círculo. Imposible de penetrar, que delineas su figura con tu pseudología fantástica.

La circulación se entorpece con mambos y lamentos que nos marginan de este mundo, nuestro barrio, tan intolerante como los extremos. Se establece que los vínculos no pueden ser democráticos cuando el pasado y el presente de una relación perturban la sanidad moral de otra. Vamos tachando y descartando a los hombres según las relaciones que aderezan la vida: la tuya, la mía. Al parecer hay que prevenirse del mambo para evitar enfermedades. Ser sanos es la premisa de nuestra existencia, por eso no jugamos con barbies, ni entorpecemos la circulación con coágulos del pasado. ¿Acaso yo soy pasado?
No soy la extensión de otro cuerpo, no llevo a nadie adosado. Soy yo, mis ojos y tu mentira, aún adormecida.

En el código racional del alma no se permite el acercamiento de opuestos, que se cruzan intelectualizando las sensaciones a través de la expresión. En un comienzo está todo sin filtrar, hasta que la conciencia reprime los impulsos a relacionarse con otros, que antes fueron de otros, y se castiga hasta el esplendor verbalizado de lo virtual.

Somos imperfectos porque estuvimos unidos por escasas, pero geniales charlas, sin embargo: nos censuramos. Tenemos la capacidad de procesarnos y asegurarnos que nuestros cuerpos vivirán libres de mambos.
Somos inteligentes: estamos condenados.

9.19.2006

Tu hora es Mi hora

Su vida empezó aquel día impío, extravagante; raro para su naturaleza muerta.

Estaba sólo frente a la máquina desgastando sus dedos y erotizando su pene en una sala de Chat. Confundido ante la aparición luminosa de un nombre que no dejaba de parpadear en el monitor, que le resultaba familiar. Ese nombre invadió su alma, aturdió su sexo con palabras invasoras, que transpiraban deseos. Ese nombre hipnotizó sus ojos incrédulos, inundados de desesperanza.

Lázaro era un hombre irreal, ajeno a lo mundano. Su cruel y sórdido rostro aturdía a cualquier mujer. Él, apenas suspiraba clemencia a través de su sátiro cuerpo, que sólo podía salir a la superficie de la vida a través de un mundo inalámbrico. Su soledad lo definía; su carisma también.

Atrapado por bellas e insensatas palabras de amor, de deseo, de placer supremo que nunca imaginó que otro hombre podía regalarle, se entregó al juego de la caricia invisible. Las palabras quedaron marcadas en el monitor de Lázaro, se paralizó cuando pudo distinguir ese nombre: Emmanuel. Su pija desnuda y pidiendo auxilio aún seguía erecta, como esperando ser mordido por esa cruel y jugosa boca que lo atormentaba de niño.
Ese hombre no sería un pasaje más de su vida. Un cuerpo que alimentaría más y más a su ego, a su inseguridad sexual, a su efímera vida. Ese hombre es aquel niño de piel morena y labios sensuales que perturbaban los sueños del pequeño Lázaro. Emmanuel, criatura lujuriosa, que desató los deseos más reprimidos en él. Había respirado su aire. Había muerto por ese hombre. Emmanuel es ese niño que hasta hoy, Lázaro guarda su sombra.

Lázaro conoce muy bien el mundo de los misterios, esa tierra escondida. Por eso, lo invitó a jugar al goce de lo irreal. A tocarse sin mirarse. Era tiempo de cultivar su carne y esclavizó a Emmanuel con sus palabras, con sus manos virtuales:

"Tu hora es mi hora. Con ansiedad espero tu mirada, tu boca. Soy dueño de tu sombra, tu espíritu. Trepo por la virilidad de tu sexo húmedo. Duro, enorme. La calma de mis labios te enloquece. Sentís como te chupo tu insensata pija a punto de desintegrarse. Te arqueas de placer y mi tibia lengua te envuelve, saborea tu pacífica y ambigua piel. Mi sexo te toca, inunda mi habitación de deseo. Tus manos enloquecen y tu pene se desvanece, chorrea? Tu simiente ya no te pertenece.
Tus ojos son hologramas de esperanza, son ellos los que armonizan mi cuerpo. Nuestra vida, nuestro mundo, nuestras horas no son un espejismo. La hora del egoísmo supremo ya corre en el interior de nuestra piel. Sos mi esclavo?"

Emmanuel quedó adormecido frente al frío monitor que le escupía la verdad a la cara. Sus ojos estaban velados por las emociones contenidas. Lázaro, en cambio, goteaba la satisfacción de su carne y encerrado en un silencio que lo aturdía, sólo escuchaba el desgarro de su corazón.

Emmanuel escribió:
-"¿Alguna vez te veré?"

- "Los hombres desnudos, con el alma al viento son imprudentes. El olor del mundo real nos envenenaría la boca. Si tus ojos tocaran los míos quedaríamos enclaustrados, confiscados en un lugar inhóspito, arrugado por el rencor. Mejor seamos una intriga corporal. Que el erotismo de la palabra defina nuestras vidas", dijo Lázaro y figuró como ausente.

9.13.2006

NUNCA HARÁS UN SANTO DE MÍ

Los hombres han asesinado por celos, rabia, odio, egoísmo y orgullo. Joaquín no fue la excepción. ¿Acaso el infierno era su salida?


Sereno, amable, seductor, de extraña mirada, recibe el cuerpo de cristo para sentirse más hombre; su arte es explotar la debilidad ajena.
Olía limpio y pensaba limpio, hasta que en su perfecta calma irrumpió Lorna. Yo no era nadie. Sí, un simple y muerto observador.


Joaquín convivía con su paz: era maravillosa, se conformaba, pero su cuerpo gritaba por aquella sensual, virgen, pasional mujer que no le fue indiferente. ¿Se puede conseguir la paz evitando la vida? Entonces, se enfrentó en silencio a las reglas establecidas de un mandato que rompió, ante la figura irresistible, inigualable de una mujer bella.
Llanto, angustia, verdades, hipocresía, sexo, obsesiones que se cruzan, emociones mezcladas, lujuria adolescente. Todo iba de la mano de unas cuantas mentiras encerradas en su ardiente y carnal alcoba, entregándose, siempre, en posición horizontal.
No acreditaba lo que observaba clandestinamente a través de la oxidada cerradura. ¿Por qué ella y no yo?

Tenía un infinito hambre de amor, de amor corporal, sin alma. Yo le pertenecía, y él elegía a esa mujer, a Lorna. A pesar de que su amor era mi esclavitud, lo único que me conformaba era observar, espiar, curiosear, en definitiva los ojos no tienen lengua y yo sí una obsesión. Miraba como aparecía ese ejemplar soberbio, mientras que él con su fusta, le comunicaba al cuerpo de ella, su desesperado y reprimido deseo erótico de violencia.

Amor a medias, era lo poco que él ofrecía; si lo sabré yo.
A pesar de ser monaguillo me enamoré y en el amor uno devora o lo decapitan. A mí, me decapitaron. Mi desesperada devoción hacía el párroco producía una lamentable pausa en mi vida. Pero, fui fuerte cuando creí haber perdido la fuerza.
Había un sombrío misterio en ese juego. Mi cabeza desbordaba de imágenes, de alucinaciones. Sólo quedábamos la fría cerradura y yo. Me excitaba pensar que él estaría imaginando mis gestos, mis deseos, mis palabras, cuando paralizado disponía a que mis ojos se transformarán en lo único importante para mi cuerpo, sin consuelo observaba por aquel ínfimo agujerito oxidado, sus cuerpos erizados de placer, de incontención pornográfica.

Su egoísmo prevalecía ante cualquier circunstancia. Miraba, escuchaba sus recurrentes mentiras: "Eres la única en el mundo. Te amo. Soy tu hombre". Las repulsivamente íntimas palabras de engaño, de satisfacción. Ilusa, ella conservaba su amor intacto, ingenuo, vivía de ilusiones cuando recibía el cuerpo de un hombre, que su devoción, únicamente, era otro hombre. Lorna le brindó satisfacción y le dio vida a su músculo clandestino. A pesar de ello, murió desangrada de su veneno primerizo.

Joaquín cree todo el tiempo que su límite es el cielo, nunca una mujer bella podría serlo. Sabe que ella había agotado su dulzura, pero nunca fue amigo de la melancolía.
Lavó y limpió su cuerpo, su alma. Y con cadavérica indiferencia, se presentó ante sus fieles y pidió el perdón para quienes murieron desesperados.

8.01.2006

Llena eres de gracia


Segundos bastaron para que tus ojos húmedos me conmovieran. Hablaste con ellos y por ellos. Gritaban, pedían auxilio. Quieren ser rescatados de ese exilio que los condenaste, pero que ni siquiera sabes si existe.
Presa en una dimensión donde falta el aire, pero se respira deseo. Un feroz deseo de placer infinito, de gozo y de múltiples orgasmos femeninos.
Apareciste, sabiamente exultante, como la luna más embustera. Ahí estabas...desnuda. Con tu presencia envolvente, tu cuerpo lacio y pálido, inundado de sensaciones. Pero también estaban tus pensamientos, tu cruel y reprimida boca velada por la palabra de la conciencia y la moralidad. A pesar de ello, las manos de mi alma pudieron sentir la fragilidad de tu sexo. Tocarte, besar tus labios tiernos y sentir esa voz de humo que temblaba de miedo, de silenciosos y agudos espasmos me estremeció. Cuando uno puede olvidarse del cuerpo es feliz, ¿sabés?
Lento, muy despacio descendí por la verticalidad de tu espalda. Llegue a la sinuosidad de tus leales caderas que se permiten absorber los besos más sinceros, despojados de costumbres. Siento que tu piel se conmueve, llora de placer. Y tu concha empapada es vida viva. Soy tuya, como si mi incluyeras en vos.

Enredadas de incertidumbre, de consuelo y de entendimiento nos amamos con piel de mujer en carne viva. Te pareció que la verdad hablaba por error, pero tu lengua me cubría el cuerpo con un manto de gozo sin consuelo. No podías controlar tu sensualidad. Eras un espiral descendente ahogada en orgasmos. Tu cuerpo y tu piel se volvieron diáfanos. Y yo, gozaba con sólo mirarte. Sintiendo el fondo húmedo y atiborrado de silencio de tus dulces ojos que hablan.

Un buen soñador no despierta. Abrigo tu belleza en las profundidades de mi cama.
Te espero, porque los sueños no se pudren...pasan.

7.03.2006

El Baño

Con apenas 17 años Fausto y Sofía eran amantes apasionados, animales sin piel.

Como todas las tardes, la pequeña hembra de labios gruesos y trémulos dormitaba casi desnuda en la cama de su amante. Encapsulada en ese hombre y su sexo, Sofía vivía atormentada por sus prohibidos deseos, que a través de su tramposa y vibrante vagina satisfacía a su intelecto en permanente estado de erección.

Aquel día, por demás viciado por aquel aire dulce que emanaban sus cuerpos, sería para ella -sin que lo supiese- la independencia de su sexo, tan atemorizada por los salvajes remordimientos que gobernaban su suave y cálido cuerpo.

Fausto y Sofía percibían una atmósfera enrarecida en aquel lujurioso santuario del placer, sin embargo, estas salvajes criaturas nunca permitirían que sus sexos caigan presos del pánico.

Fausto es un adolescente psicológicamente anal. Alto y pálido. Un ser anodino, repleto de dobleces. Sin duda su gran consuelo es ese enorme y dócil pene siempre erecto. Su sexo vibrante, escandalizador e invariablemente amenazador, parecía que iba a asesinar a su víctima. Sin embargo, su miembro pertenece a otra cabeza y otro cuerpo, no se corresponden. A pesar de ello, lograba que su ardiente niña gozara.

Sofía es una hembra de cuerpo rígido, pero con unos ojos que hablan y se ahogan en silencio. Tan profundos e inalcanzables como sus deseos, como su vagina. Toda ella es un infinito e insoslayable pozo de codicia.

Apenas lúcida, inundada en sus ideas y semi desnuda, la pequeña amante abandonó aquel refugio de pasiones que le regalaba el cuerpo de su febril hombre y se dirigió sin pausa hacia el baño. La bocanada de aire que le regaló el solitario corredor produjo la debilidad de su cuerpo; ingresó al baño olvidada de pensamientos y desprendida del alma, raro en Sofía.

Una belleza casi insoportable violentó sus ojos y su vagina... comenzó a derretirse. Era Cassia, la hermana -menor o no- de Fausto que se bañaba. Una salvaje, hermosa e indescriptible mujer. Sofía permaneció rígida pero íntegra, sólo atinó a mirar su mojada y tentadora boca.

Casi deleitándose por la situación, esta desnuda e impura hembra, abre el cerrojo del cerebro de Sofía y lee su corazón que se desangra de placer reprimido. Volviendo sucios sus gestos, Cassia le pide que se acerque, que la envuelva con su mirada. La niña de sexo vibrante, irreverente y casi sin control, sólo atina a secarle la boca con su lengua. Temblando de inconciencia no pudo aguantar la libídine de esa bella mujer. Sofía se desgarró de goce sin decir palabras. El agua no podía batallar con el sudor, el ardor y el flujo de las pequeñas amantes. El baño se convirtió en un lugar de comercio carnal y ellas entrelazadas adoptaron la forma de luna humana con boca de niña.

Una vez que reanudó el curso de sus pensamientos, la imagen de su pequeño amante la condenó otra vez. Casi rozando el suelo, atravesó aquel largo y puro corredor y llegó al cuarto de su amor Fausto, más desnuda que cuando se fue y se acostó junto a él sabiendo que la culpa y el miedo tienen un sabor embriagante.

8.24.2005

WHEN JESUS MET MARÍA

Largos días pasé forzando a mis pies a caminar inundados en un clima irrespirable y persecutorio, bajo los insensatos rayos del sol que atravesaban mi piel quebradiza. Me perseguían olores; gruesos y lentos. Había dado los primeros pasos por el difícil camino que me llevaría a la luz. Tenía que recitar a mis fieles la revelación que proporcionan esas palabras luminosas…Arribé a Magdala.

Horas más tarde descubriría que era la ciudad natal de María. Me detuve frente a su casa, en el barrio del Olvido, exactamente en el Boulevard de Los Sueños Rotos. Era una casa alejada de las otras, como si no quisieran aproximarse a ellas o ellas la rechazaran.

Aullando a través de esos rayos de luz apareció ella. Embriagadora y radiante. La miraba cada vez más de cerca y me desvanecí en el imperio de los deseos.
Su mirada, el retrato de su cuerpo preso del miedo se desintegró ante mí, formando una nueva piel. Me invitó a su hogar, se ofreció a curar mi enmascarado cuerpo. Persecutorias imágenes me acompañaron hasta ingresar a la casa: comencé a desvestirla mentalmente.

Moraba en una casa de una planta, tenía un pequeño patio y apenas una habitación decorada con telas pesadas y colores fuertes. Encandecía mis ojos por su pulcritud y su orden. Tiene un perro pequeño, de mirada fuerte, llamado Andaluz.

La mujer huele a perfume.

Un quiebre instantáneo se produce en la atmósfera. Luego de un parloteo infinito, me dice que pase al dormitorio. Que estaría más cómodo allí, que mi castigado cuerpo podría descansar. Me miraba de un modo tan salvaje, estaba perturbado... su olor me aturdía.

Me recosté en su cama, que también olía a perfume. Ella, tan delicada, tomó mis pies y comenzó a lavarlos. Sentir su nuca tan cerca de mi sexo me inquietaba, quería aliviar mi boca en sus senos, que apenas los cubría una túnica roja. Ella se veía tan ardorosa y fanática. Eran segundos, minutos afiebrados. Sin embargo, todo se desvaneció cuando escupió las palabras en plena cara: “Soy prostituta".

Su piel se volvió transparente. Comenzó a desahogar su reprimida boca: "Tengo todas las condiciones para ser feliz, menos la felicidad. Decidí no satisfacer mi cuerpo con hombres. Vivo de ellos, no para ellos. Prefiero ser prostituta y no una mujer hipócrita, casada con algún hombre enfermo de poder y violencia".
Me preguntó: "¿Por qué crees que huelo a perfume?"
Y yo, que tan sólo podía discriminar el olor a mujer, le contesté que no sabía.
"Con el olor a perfume quiero olvidar el olor a hombre. Lo único que me queda es la dignidad racional del alma".

Acorralado por su desesperación y su manto de verdad, envolviéndome en su confianza, sólo atiné a que su sexo viva a la espera de mis consejos.
Mi boca empapada en sudor recorrió su sinuoso cuerpo. Cinco minutos después estaba desnuda, gemía y susurraba palabras de amor, que ya no tenía necesidad de fingir. Al cabo de un tiempo comenzó a perder la cabeza y sintió que el cuerpo se le despedazaba de placer. Un agudo silencio envolvía la habitación. Sin incomodar a Dios ni al Diablo, gritó clamando obscenidades.

4.29.2005

MENTIRAS QUE MATAN

La semana pasada fui a ver el documental de Robert Greenwald sobre la cadena televisiva Fox. OutFoxed evidencia secretos de productores, guionistas de Fox News, reporteros, presentadores y columnistas arrepentidos de estar subordinados a ejercer un pseudo periodismo, el cual consiste en desinformar. Sus empleados son máquinas de producir mentiras, que más tarde tomarán cuerpo y se transformarán en verdades absolutas, sin contradicciones. Conclusión: el documental es un estudio de las secuelas que produce en la sociedad que una sola persona vigile una extensa gama de medios.

Así fue como me liberé del manto de olvido que cubría mi memoria y recordé: "NOTICIAS DE AYER...EXTRA, EXTRA"
Eran las nueve de la mañana. Como siempre, o como casi siempre, me aislaba del mundo matinal a través de una pequeña radio que me custodiaba en toda la rutinaria ida y vuelta al trabajo, con mis habituales compañeros de bostezos.
Largos silencios. Demasiadas voces. Yo prefería exiliarme de los murmullos.
Sólo en unos minutos, se desata el sometimiento colectivo. Las noticias asesinas saturaban los diarios, las televisión, y por supuesto: a mi infaltable radio.
¿Cuánto tiempo ha pasado de los "primeros" errores? Neutral, nunca nos hubiéramos establecido. En consecuencia, la Argentina era invadida por la maldita sustancia blanca: Ántrax.
Así transcurrieron los días, las semanas, con un inmigrante más, pero de categoría. Se sabe, pertenecía a nuestra madre patria y era preferible realizar una propaganda subliminal, omitiendo la situación caótica, de un desvirtuado Presidente argentino.
El temor se apoderó de la sociedad. Sin embargo, siempre listos a participar de todo evento publicitario, se aceptó la propuesta extranjera: el novelón era culebresco. El primer sobre llegó. Y las "precauciones de la gente", que ante la mínima duda, se acercaba al Muñiz para desechar cualquier posibilidad de infección.
Dos actores luchaban por el cartel protagónico: el Dr. Jorge San Juan, que estuvo a cargo del operativo, y el ministro de salud Héctor Lombardo. Sin duda, fue el ministro el que más letra ganó. Orgulloso anunció que la enfermedad había llegado a la Argentina. Para no ser menos, el Dr. Jorge brindó más información: "El sobre llegó a una casa de Parque Patricios, vía Miami". La ciudad gritaba, la intimidación pública... ¿era evidente?
Los secretos dan ganancias. A pesar de ello, setenta y dos horas después del anuncio de ántrax, especialistas del hospital Muñiz determinaron que las sustancias extraídas del sobre importado, no era patógeno. De esta manera, se confirmaba lo evidente, que el ántrax nunca había pisado suelo argentino. Pero, Lombardo no pudo retomar su papel. "No tengo ninguna autocrítica que hacer sobre el manejo de la crisis provocada por el ántrax, no hemos hecho más que seguir los consejos de la organización mundial de la salud", agregó a su rutina. Y...que te cuento, el ántrax pasó al olvido y con él, varios de sus actores.
Bienvenido al mundo. Otra vez la radio y yo. Nuevas noticias, nuevas mentiras. Un poco de tranquilidad para cargar las almas de brutal nostalgia.

Mi alienado cerebro, que habita tras mis ojos, toma conciencia y suspira al saber que siniestros personajes, se olvidan que la verdad se filtra en nuestros sueños, solos en nuestras camas.

4.13.2005

TAN LEJOS, TAN CERCA

Afilando lunas, copula con su cabeza atribulada, sus laberintos perennes que sangran, se presentan, retoman a su organismo con esos calambres del alma olvidados.
Despellejándose del cuerpo de su amante, de su alma, de su boca, de sus ojos de purísimo y oro, de esas ganas de decirte.... De los cuadros que faltaron, que nunca colgaron.

¿Qué pasó? ¿Qué racionalidad cruel invadió sus almas?
Aunque lacónica, aquella relación nunca dejó de ser intensa. Pero la intensidad no se mantiene, no se mantuvo...simple muto.

La violencia que creyó haber olvidado reptó y se instaló en sus cuerpos amnésicos... más cuenta, más se desnuda y más enorme se hace su sombra. Se envolvió en su confianza y se ahogó.
"Me voy", suspiró la pálida mujer...
Se dijeron adiós vomitando el amor que quedó suspendido en aquellas gargantas, que ahogadas en lagrimas, en carne viva de tantos gritos, se reinventan para otros aullidos de amor.

"No consumas tus energías con excesivas palabras. Debajo de mi piel no hay inventario, ni hay voces guardadas en mi corazón", le grito al hombre sin nombre.

La mujer pálida no es capaz de desarrollar la musculatura de su conciencia en contra del olvido. "No existe más lo nuestro, el mañana es mío", proclamó.

Se permitió perderse en aquel hombre y se encontró sola, junto al precipicio de las mejores intenciones, que la llevaron a las peores consecuencias. Desafió su cuerpo, lo enfrentó y no pudo llegar a sus ojos. Mirar al mundo, esa pelota blanca y brillosa, llena de futuro, que alguna vez aquel hombre, juró que era de ellos.

"La luz del cuerpo es el ojo?Si tu ojo está sano todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras"


El hombre sin nombre también habló: "Las calles mentales tienen secretos que no conocemos".
"Creo que me perdí y me encontré muchas veces en tu secretos asfaltados. Pero el naufragio inevitable duerme conmigo, vive conmigo", sentenció la blanca mujer.

Incorpórea, optó por quedarse espiando la vida... Sabés dijo, "La historia de la humanidad es la historia de la violencia".

"Tu ausencia seguirá creciendo, devorando vidas, haciéndolas humo.
Otros cumplirán los planes que trazamos, que no terminamos. Haciendo los suyos", se escuchó la voz de un trovador cantar detrás de la historia.

1.02.2005

UNA LEONA MÁS

No cabe duda de que Las Leonas son la generación más exitosa del Hockey Argentino y, por qué no, mundial. Coronaron su instinto en la Champion Trophy, el mundial de Perth y las medallas olímpicas. Sin embargo, hubo una generación que nunca podremos saber hasta dónde hubiese llegado. No fue falta de partidos internacionales, de sponsors, ni becas: sufrieron la desaparición de una de sus jugadoras más entrañables: Adriana Acosta.

La "Lechu", como le decían sus amigas, era una delantera nata. Con el número siete en la espalda regalaba goles y un futuro prometedor. Era jugadora de la primera división del Club Lomas e integrante del seleccionado juvenil argentino en 1972. Fue preseleccionada para la copa del Mundo de Cannes en 1974. También formó parte del equipo Capital, campeón del torneo de la República en 1973, además de integrar el combinado argentino que enfrentó a la Selección de Estados Unidos en el mismo año.

"Me llamó a las once, vamos a comer algo, me dijo. "Fue la última vez que hablé con ella. Después, comencé a buscarla" Con esas palabras brutales comenzó el relato.

Poli, la mamá de Adriana, me recibió en su casa de Lomas de Zamora. Su voz reflejaba la angustia de la pérdida. El silencio de las fotografías decoraba la casa de dos pisos, una atmósfera de recuerdos se hacía presente.

A veintiséis años de la desaparición de Adriana, Poli tiene mucho que contar.

Noticias de un Secuestro

"A Adriana se la llevaron unos días antes del mundial. Para mí no existió el campeonato, pero le dije a mi marido: 'Vos tenés que ir, tenemos que demostrar que seguimos adelante'. No sé si era conveniente que ellos supieran que uno estaba tan destrozado, no sabías si te estaban vigilando. Terminábamos encubriendo lo que estaba pasando. Quizás alguien se hubiese salvado sino era por el mundial".

El terror tiene muchas caras. Quizás la peor de ella es intentar justificar una y otra vez, lo azaroso de la pérdida. En la Argentina muchos pensaron "algo habrían hecho" y que nada malo pasaría si uno respetaba la ley, incluso Poli.

"Su ideología fue siempre de izquierda, aunque yo la definiría como socialista. Desde pequeña no podía ver a una persona que pedía en la calle. Entonces le daba plata, y yo le decía: 'otra vez Adriana'; ella me contestaba: `mamá, si a nosotros no sobra´. No se trataba de partidos políticos, era humana, siempre fue igual. En el colegio todo el mundo la adoraba.

El día que terminó el rector le dijo que tenía que escribir unas palabras, que luego serían supervisadas por él. Pero ella, con su temple sereno le respondió que diría lo que sintiese en ese momento, sin correcciones, sin censuras".

Adriana era una soñadora, tenía un inmenso encanto personal. Lectora de libros, adoraba estudiar y le faltaban apenas dos años para recibirse...

"Ella estudiaba ciencias de la educación porque era su locura. A veces en el colegio le decían que tenía que hacer otra carrera. Pero ella no, quería educación y entró en la Universidad de La Plata que era muy exigente. Le fue bárbaro, todo diez. A veces cuando venía triste le preguntaba qué le había pasado. `Es que me saqué un nueve y yo estudié para diez´. Hasta la nombraron ayudante de cátedra".

Nadie quería escuchar, menos saber. Poli perdona pero recuerda:

"Nadie de las personas más allegadas a la Lechu me ayudaron, tenían miedo. Aunque no sé si era que tenían miedo o que estaban de acuerdo con lo que pasaba. Yo me pregunto... ¿Si se hubiera salido a las calles como se hizo con el chico Blumberg no habría menos muertos? No hubiesen podido matar a ciento treinta mil personas que se reúnen a manifestar.

Cuando comencé a buscar a Adriana me impresioné con un mundo nuevo, desconocido para mí. Fui a Comisarías procurando encontrar algún rastro de mi hija. La única respuesta eran agravios: "Se habrá ido a encamar con un negro". Y yo salía llorando como una loca. Después conocí el significado del Habeas Corpus. Nos asesoramos con un abogado y nos cobraron un dineral. Más tarde desalentados por la ausencia del abogado nos enterábamos de que el Habeas Corpus era gratuito".

La gente lucraba con nuestro dolor. Un día recibimos un llamado telefónico y atendió Leticia, mi otra hija, le decían que a Adriana se la habían llevado de la pizzería La Tuerca de Pérez, le dieron la dirección y le repetía todo el tiempo: `Tu hermana no hizo nada, tu hermana no hizo nada´.

Fuimos a la pizzería y las personas no querían hablar; los mozos mudos. Hasta que uno nos dijo que las chicas estaban comiendo pizza y apareció una patota que les pidió sus documentos. Ellas se lo dieron y se retiraron. Claro que el área liberada era afuera. Cuando salieron, mi hija desapareció para siempre".

Presa del miedo y protagonista de una película muda buscó ayuda.
"Golpeé casas de vecinos. Eran las dos de la tarde, tuvieron que haber visto que se la llevaban en auto, nadie quería hablar... una cosa terrible. Después, nos empezamos a encontrar con las Madres en el Ministerio del Interior, en los Tribunales".

Fueron épocas difíciles, donde los chacales enmascararon su identidad bajo falsas pieles.
"Una vez me entero de que había una reunión en la Iglesia de la Santa Cruz, era el único lugar en el que confiaba. Entro al salón y me acuerdo que Adela (que era la presidenta de las Madres en aquella época) me mira y dice: `Che vos sos de los servicios, a nosotras no nos importa, eh, vamos a seguir hablando igual´. Yo que estaba con mi pilotito toda asustada le respondí que no, que era la madre de Adriana Acosta, entonces ella miró la lista que tenía, y me pidió perdón".

Pero la seguridad era mínima. Así fue como Astiz se llevo a las monjas... Lo adoraban, estaba entre ellas las saludaba, buscaba al hermano o al padre no sé, no me acuerdo.
Astiz se llevó a las monjas francesas y a Azucena Villaflor. A la pobre Azucena se la llevó de la puerta de su casa con la bolsita de hacer los mandados... así se perdió Azucena".

Jesús echó a los mercaderes del templo, miles de años después algunos representantes de la Santa Iglesia los invitaron a entrar nuevamente.
"Mi última relación con la Iglesia fue en el año ochenta, con Monseñor Colina. Pedí una audiencia para informarle lo que estaba aconteciendo. Pero la única manera de acudir a él, era a través de la plata. Su justificación se basaba en que ese dinero iría a una colecta paras las vocaciones sacerdotales. Sus palabras fueron "Ponga el dinero en un sobre y la recibiré". Le dije que tenía una hija desaparecida, resulta que era amigo íntimo de Videla, no saben como me insultó el monseñor... Él me insultaba y la secretaria estaba espantada por los gritos que se escuchaban. Levante el pisa-papeles y saqué el sobre con la plata, no se lo iba a dejar".

Su rostro se cerró como un libro, el estremecimiento del relato recorre el living de la casa. Es difícil mudar la piel del pasado y reconciliarse con el presente. Sin embargo, Poli se enciende cuando habla de Las Leonas.
"Me alegré mucho con cada éxito de las chicas y lo vivo en una partecita como si fuese un triunfo de La Lechu. Ella sería entrenadora o algo así porque vivía rodeada por el hockey.
Tan adherido tenía el palo a ella, que salía corriendo a la mañana para ir al colegio y no se daba cuenta que se llevaba el palo. Me acuerdo que un día de lluvia, la pasaba a buscar el colectivo para llevarla al colegio. Desde la ventana de mi casa veo que vuela un palo de hockey, era ella que me lo estaba tirando porque se lo había llevado sin darse cuenta".

Cuando vi la carrera que organizaron para Miguel Sánchez, el corredor desaparecido, me emocioné muchísimo. Creo que por todo lo que le dio la Lechu al hockey sería lindo que se la recordase desde el deporte. No por mi, ni por su familia, sino por todos esos chicos que hoy no están".

Claro que sería lindo señora Poli... me despedí con un beso, le agradecí por la torta. Y en el largo camino de regreso no dude nunca que, Adriana Acosta, La Lechu, era una Leona más.

1.01.2005

LOS AMANTES DEL CÍRCULO POLAR

Paranóia delirante, eu tô na paz...


Tenés un pasado que me castiga.

Tengo una historia que te lastima.

El circulo es claro, siempre cerrado.

Enclaustrados, recluidos, confinados, embotellados, ahogados.


No quiero pelear con fantasmas ajenos, no quiero batallar con nombres propios.

En la ausencia, la presencia de cuerpos pasados cobran vitalidad. Se apoderaron de nuestro amor.

Ahuyentar las torturas, hablar con dulzura

La verdad es otra.

La paranoia es nuestra.

11.30.2004

TODO SE TRANSFORMA

1 Cómo da tanto miedo sólo el ser
El poder de la costumbre o de la ignorancia exculpadora, que nos permite adaptarnos con facilidad a la vida actual, que está repleta de decisiones con consecuencias más o menos graves, que yo la denominaría "El Ser del Miedo", nos conduce a una filosofía de lentitud. Nos condena al la imposibilidad del cambio.

2 El miedo esta afuera de la inteligencia del hombre
El cuerpo del miedo, encarnado por el ser, consiste en la presencia de disposiciones aventuradas en la vida cotidiana que encapsula al hombre a la mediocridad de creer que se vive una vida con roles establecidos. Los espacios de acción, antes regulados por una tradición vinculante, ahora constituyen problemas de decisión y atribución de responsabilidad. Cuando un peligro casual se conceptualiza como riesgo, se está afirmando que hay seres humanos que de algún modo son responsables de esta amenaza.

3 La conducción al pasado para explicar el presente.
Si en la antigüedad muchos perjuicios eran atribuidos a los dioses, la naturaleza, el destino o la mala suerte.
¿Hoy, la responsabilidad de todos los peligros pasa por el ser humano?

4 El problema es no saber si siempre reconstruimos lo mismo.
Comienza entonces la argumentación para identificar a seres culpables y establecer los resarcimientos necesarios. Pero las mejoras en la tarea de la búsqueda de esas compensaciones contra la incertidumbre que provoca la desconfianza, no excluye del problema para decidir con qué riesgos quiere convivir el "ser del miedo". "Nada es más simple, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma".

5 Ser

Ser hombre, mujer.

Ser la incertidumbre.

Ser libre, exiliarse del marco que encuadra la existencia del hombre. Desparramarse en busca de los olores que nos regala la tierra.





10.18.2004

SE ACOSTUMBRARON LOS OJOS

La imagen se repite una y mil veces por televisión. Los diarios se asquean con violencia, las fotos impactantes siempre venden. El hombre maneja el negocio, el hombre parece arruinarlo todo.
País sin riesgo, impenetrable, con la mayor seguridad del mundo. Tres razones para ser potencia era lo que enseñaba a los pobres y discriminados del submundo Estados Unidos. Su punto límite fue el 11 de septiembre de 2001, que evidenció ser tan o más vulnerable que cualquier país tercermundista.

Mensajes subliminales invadían las casas del mundo. Extrañas miradas, ojos que veían el pasado, ojos que escuchaban. Algunos, menos ingenuos, se conformaban pensando lo que había dicho alguna vez ese hombre que el tiempo, ya le había comido la piel: ?La televisión es el consuelo más perfecto que se haya concebido para las derrotas humanas?. Entonces, el permiso fue concedido. Hace tiempo, desde Goebbels.
Invaden con informaciones, por lo menos se vive una vida nueva, una vida inventada y parece gustarle a la mayoría de los integrantes del planeta tierra.
Como todas las verdades viven escondidas. Y si lo sabrá Bush,hombre con una cualidad única: nunca sentirse responsable de sus palabras y por eso, naturalmente, no aceptará nunca la responsabilidad de sus efectos. Siempre necesitaron de un enemigo, inventado o no, para establecer el camino de la paz mundial.

El responsable de transmitir la información, los aliados principales, son los medios de comunicación. La propaganda americana instruye que no son buenos docentes de la palabra, sí a través del ejemplo. Traducción: nosotros nos encargamos del horror, como siempre, ustedes encárguense que nos lleguen los dólares, como siempre. Ya lo dijo Maquiavelo: ?Todos pueden ver lo que pareces, pero pocos saben lo que eres?.
De esta manera, todo lo que se ve, y más si proviene de "la caja boba", es prueba de verdad, reina el conformismo. Algunos profesionales de los medios de comunicación, no presentan una adecuada preparación que garantice informaciones objetivas, correctamente argumentadas. Lo que permitiría, al cómodo receptor, formar su propia opinión, a fin de asumir un verdadero rol protagónico.

Sin duda, en la actualidad, el periodismo es como una vida dentro de una vida. Se limitan a reconstruir siempre lo mismo. La única explicación de su vigencia, es que todos los hombres se desviven por consumir sus mentiras verdaderas.

10.14.2004

LA COMUNICACIÓN POLÍTICA, DESVIRTUADA POR LOS MEDIOS

Tus palabras no hacen más que revitalizar a un corazón podrido de latir, a una alma ahogada en deseperanza.
Gracias Sub-Comandante Marcos

¿Cuál es la velocidad del sueño?
No lo sé.
"No lo sé", esas tres palabras deberían estar más presentes en el repertorio de todos, tan obligados como a veces nos sentimos a opinar acerca de todo, y a suplantar opiniones por dogmas y recetas ("verdades", dicen).
En el Club de las caricaturas mutuas, es decir, en la selecta intelectualidad que, en y desde los medios masivos de comunicación de derecha (y algunos "de izquierda"), se mantiene ajena ("objetiva", dicen) a la realidad, hace tiempo que la crítica y el debate fueron suplantados por el escándalo mediático, por "neutralidades" (que, al fin de la edición, son más fundamentalistas que Bush-Bin Laden), y por profecías que no importa si no se argumentan ni se cumplen ("después de todo, ¿a quién le importa la realidad?")
Cortesanos versátiles en la periferia del poder, esos intelectuales hablan de todo, son expertos en todo. En su filosofía instantánea y soluble ("salimos al aire-entrego mi colaboración en unos minutos, mi buen, no hay tiempo de pensar en lo que se va a decir-escribir"), estos neofilósofos de la postmodernidad, siguiendo las modas que se renuevan cada tanto, imitan las poses y el método de los "grandes" pensadores, es decir, abstraen y generalizan. O sea que suponen y crean un modelo, y luego lo aplican. ¿Las sobras?, al basurero (o sea, fuera de la programación o del índice del artículo).
Más aun, el intelectual y el comunicador que se desempeñan como analistas políticos de derecha (y no pocos de "izquierda"), se erigen en jueces que dictan sentencia y esperan, sentados en la academia o en la sala de prensa, a que la realidad sea el verdugo que ejecute la sentencia. Si el "éxito" de la filosofía política reaccionaria, es decir, la del analista de derecha, está en su capacidad de "justificar" una acción, el de los que predican desde el púlpito de los medios de comunicación está en trivializar la sinrazón. Proponiendo emociones reflejas y no razones, los comunicadores abordan la guerra, la pobreza, las catástrofes naturales, las arbitrariedades gubernamentales, los crímenes, y los cada vez más frecuentes brotes de descontento popular.
Después de todo, los sentimientos pueden ser tan fugaces como los temas "más importantes" de los noticiarios. Así, se desesperan por la falta de videos.
Pero los hay, lo que pasa es que muchos de ellos provocan reflexiones, y digamos que la reflexión profunda no es la fuente de la comunicación de masas.
La velocidad de la pesadilla.
Y es con la reflexión teórica (que no es sinónimo de masturbación mental), el debate (que no es el ping-pong de calificativos), el intercambio de experiencias (que no es el intercambio de recetas), que, si no se puede saber cuál es la velocidad del sueño, se puede, en cambio, calcular la velocidad de la pesadilla. De nuestra propia experiencia y de lo que vemos en el globalizado piso de arriba, hemos aprendido que es la misma que tiene el bajar las manos, el rendirse, el resignarse, el asumir la cómoda y estúpida posición de espectador, el abandonar ideales en aras de un pragmatismo al final de cuentas estéril y deformante.
Si el poder mundial rinde un culto morboso al 11 de septiembre y al 11 de marzo, es para traerlos como argumento de la pesadilla que globalizan, y nos quieren "vender" el sueño de que su poderío militar y policiaco evitará que se repitan más "onces" en el calendario... sembrando su terror en otras fechas y en todo el mundo. Pero, frente a los "11" del terror de uno y otro lado, hay, por ejemplo, un "15", el de febrero de 2003. En esa fecha más de 30 millones de personas, de más de 100 naciones del mundo, se movilizaron en contra de la guerra.
Muchos dirán que fue inútil, que como quiera la guerra se realizó. Pero se olvida que las cosechas de las siembras de abajo nunca son inmediatas.
Y no siempre las movilizaciones terminan cuando concluyen los noticiarios. Las más de las veces derivan en aprendizaje y organización. El poder bien puede vivir con demostraciones masivas de repudio, que acaban cuando cambian de canal; pero no puede estar cómodo con la organización de ese repudio, mucho menos con su crecimiento.
Porque, abajo, aprender es crecer.
Las mentiras, por más rating que ostenten, suelen provocar indigestión y vómito. Las verdades, ciertamente, provocan dolor de estómago, pero éste se suele aliviar haciendo algo.
Porque, si bien las mentiras son irremediables, las verdades sí tienen remedio.
Frente a la pesadilla, no basta despertar. La vigilia puede florecer en el sueño.
El impreciso sueño zapatista.
Pero, ¿cuál es la velocidad del sueño?
No lo sé.
En nuestro sueño, el mundo es otro, pero no porque algún deux ex machina nos los vaya a obsequiar, sino porque luchamos, en la permanente vela de nuestra vela, porque ese mundo se amanezca.
Nosotros, los zapatistas, sabemos a cabalidad que no tendremos, ni nosotros ni nadie, la democracia, la libertad y la justicia que necesitamos y merecemos, hasta que, con todos, la conquistemos todos.
Con los obreros, con los campesinos, con los empleados, con las mujeres, con los jóvenes.
Con aquellos que hacen andar las máquinas, que hacen producir al campo, que le dan vida a las calles y a los caminos. Con aquellos que, con su trabajo, preceden al sol cada día.
Con aquellos que siempre producen las riquezas y hoy sólo consumen las pobrezas.
Nuestra lucha, es decir, nuestro sueño, no termina.
Sin embargo, en la vigilia de todos los días nos esforzamos por no heredar, a quienes sigan, un espacio de rencor y afán destructivo.
A cada momento refrendamos nuestra decisión de no imponer a nadie (ni a nosotros mismos) -aun desde la impunidad de la ausencia definitiva (tocados por la varita mágica de la muerte, ésa que convierte en perfecciones lo que no son sino un montón de contradicciones)-, una serie de cinismos disfrazados de "razones políticas" o de fundamentalismo disfrazados de "neofilosofía" universal y eterna.
El zapatismo no es una guía para la acción.
Nos empeñamos cada minuto de cada hora de cada día en no predicar ni promover el culto al "todo se vale", que sólo suele ser una coartada que justifica el que, en el "todo", vaya incluido el traicionar los principios.
La razón que nos mueve es ética. En ella, el fin está en los medios.
Queremos, y por eso luchamos cotidianamente contra todo (nosotros mismos incluidos), poner una piedra más en nuestra casa, la que queremos toda puertas y ventanas, por la que se pueda entrar, se pueda salir, mirar y ser mirado, sin más límite que las ganas de hacer una u otra cosa. Una casa donde no sea un dolor ser mujer, o niño, o anciano, o indígena, o joven, o gay, o lesbiana, o transexual, o trabajador del campo y de la ciudad. En fin, un lugar donde no sea una vergüenza pertenecer a la humanidad.
Queremos seguir luchando como lo que somos, como zapatistas. Así el mundo nuevo no nacerá sólo de nuestro paso, pero también de él.
Queremos, finalmente, desaparecer. Para eso, y no para otra cosa, fue que aparecimos.
Por eso en nuestro sueño, nosotros no estamos.
Pies desnudos.
¿Cuál es la velocidad del sueño?
No lo sé.
Pero ahora, en esta madrugada de septiembre, sin más compañía que un viento helado, con la lluvia tamborileando impaciente en el techo de la champa, y sumando la nube que porto a la que afuera reposa, se me ha ocurrido que, tal vez, es la misma velocidad con la que, en mi sueño, la sombra que soy se desvanece en la otra y amable sombra de la entrepierna de Ella, mientras con mis labios escribo promesas imposibles en las plantas de sus pies desnudos...

Desde las montañas del sureste mexicano.
Subcomandante insurgentes Marcos.
México, septiembre del 2004. 20 y 10.

P.D. Aquí termina este programa "científico" del Sistema Zapatista de Televisión Intergaláctica. Después de un corte anti-comercial, seguiremos con nuestra programación. No le cambie. (En la pantalla, o sea en la cartulina, aparece: "Huaraches Yepa-Yepa, el único hurache g-l-o-b-a-l-i-z-a-d-o, lanza al mercado su nuevo modelo 'Pozol Agrio' edición limitada, ¡a un precio de sueño! No se aceptan tarjetas de crédito ni efectivo. Permiso de la Junta de Buen Gobierno número 69. Aplican restricciones").

Esta nota la podes encontrar en http://pacificar.com